Un día vino alguien por el cole a explicar algo sobre nuevas tecnologías. Diez años después de que apareciesen, pero esta suele ser la media de tiempo que tardan las autoridades en reaccionar y luego en decidir que van a actualizar a sus empleados y después en llevar a término sus planes. Eso de echarle la culpa a las autoridades, en este caso educativas, es un clásico, o sea que funciona. Es más, empiezo a sospechar, y estoy seguro de que somos más que unos cuantos los que sospechamos, que las autoridades están ahí para recibir las culpas. Cada vez estoy más convencido, y estoy seguro de que somos más de unos cuantos los convencidos, de que los auténticos culpables no salen en el periódico, ni en la televisión, ni a pecho descubierto en los mitines. No, los auténticos culpables me da que son anónimos y tienen más dinero que todos los demás juntos y que tuvieron que inventar a las autoridades para que su dinero no parase de generar más y más dividendos.(La gente normal manejamos dinero, esos fulanos mueven dividendos, no sé si me explico).
Lo cierto es que el tipo que vino por el cole aquella tarde, con diez años de retraso y, como acabamos de saber, por culpa de gente que tiene mucha, mucha pasta, se puso a enseñarnos lo que era un blog, y cómo crear uno y cómo utilizarlo en el aula. Yo eché de menos una explicación, aunque fuese por encima, de como emplearlo para atacar a las autoridades y, sobre todo, a quienes las usan de chivo expiatorio, pero luego caí en la cuenta de que esos también controlan los resortes en el negocio informático y me quedé sin argumentos. Fue por culpa de mi estado de carencia de razones y de un bajón de azúcar que suelo sufrir a esas horas de la tarde, en las que suelo estar en casa merendando y no en mi centro de trabajo recibiendo un curso que me hace cuestionar todo el sistema de producción capitalista y la economía neo-liberal y los costes sociales de la caídas de los regímenes comunistas, digo, fue por todas esas cosas que, cuando nos invitó a crear nuestro propio blog y ponerle un nombre, no se me ocurrió otra cosa que “O GALPÓN DAS CHOIVAS”. Mi querencia por “choiva” en lugar de “chuvia” es culpa de Celso Emilio Ferreiro, se ve que se debía usar mucho por Celanova y eso. El caso es que cuando quiero ir de fino y quedar de leído y demás, escribo “choiva” y me quedo tan pancho. Lo de “galpón” se me ocurrió a mi sólo y estoy muy orgulloso de ello. De hecho, estoy pensando en rebautizar al blog como EL GALPÓN. Y decirle a la gente: pásate por el galpón, tronco (o tronca). Queda muy años setenta y es una palabra muy acogedora de por si, aunque no lleve al lado “choivas”, aunque hay que reconocer que con ella tiene más sentido lo del galpón. Creo que por eso le puse ese nombre, además de porque me había quedado sin explicaciones para los enigmas sociales vigentes y porque tenía un déficit de azúcar.
Como es que, a pesar del nombre en perfecta simbiosis de pedantería e inspiración, la dirección de internet lleva el palabro “galieiro”, resulta para mi un misterio de dimensiones insondable. De no mediar mi torpeza informática y la merma de facultades por la cuestión del azúcar, podría achacar el asunto a la magia o algo así. Pero en el fondo es algo que resulta muy descriptivo y enternecedor (es una suerte que el culpable escoja los adjetivos). Quiero decir que lo que tiene que ocurrir para que una dirección que debía llevar el nombre O GALPÓN DAS CHOIVAS termine siendo bautizada con el palabro GALIEIRO, por razones ajenas al sujeto que bautiza el sitio, constituye un suceso digno de ser relatado por la pluma de Cortázar. Este último sintagma se presta a un chiste fácil, que evitaré por no agobiarles más.
Luego ese hombre, Cortázar no, el tipo del curso, no volvió y los demás ponentes que acudieron, igualmente enviados por las autoridades en su función de coartada de poderes fácticos menos evidentes, se dedicaron a intentar enseñarnos otras herramientas didácticas. Los blogs que habíamos creado se quedaron en el limbo de los blogs que existe en la blogosfera de internet, esperando que tuviésemos a bien hacer alguna estupidez con ellos. Así fue como, un par de meses después, di yo en empezar a colgar en O GALPÓN DAS CHOIVAS unas cuantas tontadas que había escrito. Habrá quien piense que digo “tontadas” por falsa modestia y quien tal haga estará cayendo en un profundo error, y si no, vuelvan a leer esto desde el principio...
