martes, 27 de diciembre de 2011

BAILAR DE ARQUITECTURA



Estos días, que no es que fuesen varios, es solo una expresión. Hoy estoy un poco paranoico. Decía que un día de estos que vienen pasando como si nadie los quisiera y se largan con la música a otra parte, a veces retrete abajo y sin tirar de la cadena. Hoy estoy un poco digresivo. Uno de estos días hallé cierto libro que había olvidado que tenía. Era, es, un libro sobre cine, cuyo título desmiente el contenido. Se llama Saber ver el cine y es un truño de cuidado. Cómo pudieron ponerle un título tan sencillo a un ladrillo semejante. Recuerdo que me lo leí de cabo a rabo un verano que pasé en Cataluña. Por eso el pa amb tomaca me recuerda títulos de películas. Hoy estoy un poco tonto. No sé cómo me las arreglé para terminar de leerlo, lo cierto es que no me enteré de casi nada. Era, es, de esos que tienes que parar diez minutos cada línea para pensar qué carajo quería decir el autor. De esos que van también para la autoestima, para bajarla digo. Acabas pensando que eres subnormal perdido: conoces cada palabra que lees, pero todas juntas forman una maraña que no logras traducir a un lenguaje corriente. Un libro pedantesco, si es que existe el palabro. Si no, dantesco, directamente. Hoy estoy un poco espeso. Pero me pilló en esa época que atravesamos los lectores que parecemos llamados a un cruzada consistente en terminar todo especimen disfrazado de libro así nos cueste las pestañas y las neuronas. Así leí yo el Ulises de Joyce, otro veranito, claro, y recuerdo aún lo que me dije al terminar: “la madre que me parió”. La madre que nos parió sigue siendo el referente para lo bueno y para lo peor. En cambio, con Saber ver el cine de quien te acuerdas es de la madre del autor. Varias veces. Por capítulo, me refiero. Después de aquello no he vuelto a leer nada sobre cine, fue como cuando agarré una de vino de pasa, que tampoco he vuelto a catar, porque veinte años después aún tengo aquel sabor dulzón en la garganta... Hoy estoy un poco así.... A mi me gusta mucho mezclar las disciplinas artísticas (y escribir frases fuleras como la precedente). Por ejemplo, leer de música, que es algo que me gusta más que comer con los dedos. Esto es otra expresión, porque salvo la empanada y el churrasco, comer con los dedos no me gusta nada. Volviendo al tema, por si lo hubiere, siempre recuerdo la frase de Frank Zappa sobre el particular, esa de que escribir de música es como bailar de arquitectura. Yo creo que eso fue lo que inspiró al autor del libro sobre el cine, se tomó literalmente lo de bailar de arquitectura, que es muchísimo más fácil, dónde va a parar, que entender el libro ese. También me gusta mucho escribir sobre música porque es algo que puede hacer cualquiera que tenga orejas. Y que le funcionen, claro. Si uno las atrofia con los triunfitos y eso que ponen en la radio, más valía que fuesen inalámbricas y las usase sólo para lo imprescindible. A mi me encantaría tener orejas de quita y pon cuando tienes que ir al super o a un centro comercial y caes en las manos de los desaprensivos que manejan el hilo musical. Lo de hilo musical es otra expresión. Sobre todo lo de musical.
Me he prometido a mi mismo que volvería a leer el libro sobre cine. O a intentarlo, ya no me acuerdo. Es que yo negocio fatal conmigo mismo, me hago ofertas que rechazo enseguida para luego arrepentirme y cuando llego a un trato nunca consigo recordar después cuál era. Pero soy tan buen fulano que he decidido darle otra oportunidad al que lo escribió, así magnánimamente, como quien indulta a un reo por navidad. De modo que cuando note yo que estoy a medio paso del alzheimer, eso de que se borran los nombres y pareces rodeado de extraños, allá que iré, atacaré el libraco con furia, en plan acelerador de partículas. Calculo que llegaré al estadio terminal en un par de horas. Nada de sufrir años y años de sudokus y pastillas y terapias: eutanasia neurológica acelerada.
Y luego, que me pongan al Bisbal y a todos esos. Todo el día si hace falta.