martes, 28 de junio de 2011

EL RETRATO


Hoy he leído en internet que Bildu ha sacado el retrato del rey que presidía el salón de plenos de la Diputación de Guipúzcoa. Del rey de España, Juan Carlos I, claro, no estamos hablando de Elvis Presley, aunque bien cabía la posibilidad que los vascos tuviesen al cantante de “In the ghetto” presidiendo sus cosas.
Jamás he pensado yo que llegaría a escribir un post con motivo de la defenestración, aunque fuese fotográfica, de nuestro rey. Aquí lo de “nuestro” es un posesivo de amplio espectro que sin embargo no abarca el plano emocional, más bien lo refracta.
Pero, antes de nada, he de poner de manifiesto mi simpatía por Bildu. Creo que merecen una oportunidad. Han dicho que iban a ser buenos y hay que tomarles la palabra: se les mete otra vez en clase con una regañina y se les borra la falta de orden. Pero si lo primero que hacen es algo tan simbólico como lo que han hecho... oiga, no estamos para actos simbólicos contra el primero de los españoles (se me acaba de inflar el pecho, inconscientemente). Además, si fuese para poner en su lugar una fotografía de, pongamos, Zubizarreta, pues vale. Con la camiseta de la selección, eso sí. Pero parece que van a dejar el lugar vacío de momento.
Tiene su miga la decisión tomada por Bildu, que no me digan que tiene nombre de medicamento más que de agrupación política. Como medicamento no sé que tal lo haría Bildu, como agrupación política ha comenzado con una intervención ventajista. Pues eso es, y no otra cosa, retirar la imagen de Juan Carlos de Borbón y Borbón, que no sé si lo han visto ustedes ultimamente en la tele, que parece que le han caído veinte años de golpe y la mala leche que hiciera leyenda a Fernán Gómez.
Si hubiesen retirado una foto de cuando el 23-F tendría más mérito. Ahí estaba más joven y, ejem, guapo y antigolpista que nunca. Pero ahora que anda de quirófano en quirófano, ya que ha decidido pasarle factura su pasado de deportista, está muy mal retirarlo de las paredes, el único sitio casi donde no estorba (y si no, que le pregunte a Chávez).
Quién me conozca tal vez esté aún boquiabierto al alcanzar este párrafo debido a esta encendida defensa de nuestro monarca (ya es que me niego a explicar el posesivo, oye). Me justificaré señalando que es de bien nacidos y de agradecidos el respetar y honrar la herencia que uno recibe, y don Juan Carlos es la herencia más importante que hemos recibido los españoles unos y no cincuentayunos en lo que va de historia, me atrevería a decir. Va: me atrevo a decir. Una herencia, además, que va a tener heredero a su vez, con lo que los príncipes de Asturias serán la bisherencia de todos los españoles. Spain is different creo que dijo Fraga, un señor gordo que, siendo ministro de Franco, se metió en una playa almeriense contaminada por plutonio y embutido en unos meyba gigantescos tras haber convocado a los fotógrafos...
Pero estamos aquí para hablar del exilio forzado y fotográfico de un cada vez menos fotogénico rey de España. Porque creo que ahí radica el quid y la cuestión: los muchachos con nombre de medicamento no genérico (o sí, yo en eso no me meto) han decidido bajar al rey de su pared (hubo una época en que con el rey y una pared habrían hecho algo distinto, ojo) no porque ellos no reconozcan su soberanía (que supongo que no lo hacen) sino porque no quieren que los presida la herencia achacosa de un militar gallego (ay) treinta y seis años después. Y yo no puedo sino darles la razón: o abdica Juan Carlos en Felipe y la Leti, que son jóvenes, altos, rubios y de ojos azules, o no tiene nada que hacer dando lustre a paredes de organismos públicos. Aunque sea de algo tan extraño como una Diputación Provincial, pero esto es tema para otra ocasión.

viernes, 24 de junio de 2011

FONDÓN


Así síntome ás veces, no fondo. Fítome no espello e levanto a camiseta e o que vexo ten dimensións inesperadas, por elexir un calificativo non belixerante. Apalpo a barriguña con ese cariño incondicional que se lle ten aos fillos tontos e prométome retomar o deporte. Así, en xeral, coma un enunciado de futuro que tanto sabe a pasado: “teño que facer máis exercicio”.
O segundo punto do meu plan de acción ten que ver cos comestibles. Decido non probar nunca máis os doces, axudado polo asco que lles teño dende hai moito. Comezar polo máis doado é de triunfadores, din algúns. Coma eu mesmo. Despois anoto nalgunha parte da miña sique fondona que non tocarei máis nin un anaquiño de chocolate. Deseguido rebáixoo ás tabletas: non volverei paparme unha enteira. En canto aos xeados, ríndome nada máis pensar neles. De feito, vou á neveira a por un.
Cando remato xa me sinto mellor persoa, preparado para planificar o meu regreso ao mundo dos homes esbeltos. Despiadadamente, fago unha lista de todo o que vai quedar poscrito: pan blanco, chourizo, queixos, empanada (ay), zenoria (tampouco a soporto)... etc
Remato a lista coa sensación de pesar 1 kg. menos e celébroo cun ataque sen misericordia aot bote de nocilla das nenas, habilmente desclasificado por min como obxectivo a curto prazo.. Crúzome coa miña señara no comedor, qué ironía, e fachendosamente anuncio: “Tes diante a un home novo”.”Volverei a ser o tipo fraco do que te enamoraches”, aclaro con orgullo. “Vale, pero límpate a boca da nocilla” contesta ela resignada.

martes, 21 de junio de 2011

POLITIQUERÍAS




Un conseller de agricultura de Catalunya ha instado al pueblo de dicha comunidad autónoma a consumir productos catalanes con argumentos como ”si entramos en un restaurante y consumimos vino de La Rioja no estamos ayudando al empresariado catalán”. Luego ha salido a pedir disculpas al mundo en general y a La Rioja en particular.
Yo no sé si la farlopa ha bajado de precio ultimamente, pero ustedes disculparán también esta manía mía de andar buscando explicaciones a todo. Al principio yo achacaba estas boutades de nuestros políticos, y utilizo el posesivo con un sentido patriótico que algún día será reconocido, a la ingesta de barbitúricos provocada por el estrés que causa el cargo. El cargo de conciencia de lo que hacen sin que nos enteremos y el trabajo que pasan evitando que lo hagamos, enterarnos, o consiguiendo que lo hagamos demasiado tarde. A mi esa cosa que han llamado “inmunidad parlamentaria” me produce un subidón de adrenalina. Se incrementa mi fe en la especie humana: capaz de generar un grupo de sinverguenzas de tal calibre que consiguen someter al resto mediante la hipnosis colectiva. O eso, o no me explico, con lo que a mi me gustan las explicaciones. Por ejemplo, me gustaría que me explicaran por qué predomina la indiferencia ante el abucheo de los árbitros de fútbol, del conductor que se salta una señal y nos obliga a frenar, del funcionario que nos atiende (es figura literaria) tarde, mal y a rastras y sin embargos, nuestros políticos (patriota hasta el final, ya ven) se indignan porque la gente los abuchea o zarandea por la calle. Si los colgaran por la corbata de los árboles, no digo yo que no, pero unos buenos epítetos y un movimiento sexy, se lo tienen más que merecido.

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Mientras se escribe esto la noche se acerca pisando despacio para no hacer ruido en el cortejo funerario de un día cualquiera de Junio. La muchadada española se ha encabritado y ha dejado de jugar al tute para cantarle las cuarenta a eso que llaman la clase política, que la mayoría de las veces demuestra una estremecedora falta de clase. Me ha hecho mucha gracia la reacción de algunos de los políticos que nos llevan la cosa de los números gruesos y la vida en general, acercándose a los que antes solo eran perroflautas, okupas y vagos, a acariciarles las barbas y susurrarles al oído “je t'aime” y otras cosas más soeces, viviendo de sus bocas llenas de sarro. Me estoy calentando, que lo noto. Que la culpa es de todos porque nos han estado chuleando años y años y hemos callado por un plato de lentejas, de acuerdo, pero estamos en nuesto derecho de darles con el plato en la cabeza.
Aunque sólo sea para que el chichón les recuerde nuestra existencia. Por supuesto, en estos casos uno cae, para empezar, en la generalización. No todos los bípedos parlantes que participan en política están movidos por el deseo de que su plato de lentejas tenga además chorizo, panceta, zanahoria... pero es que a todos nos ha terminado por dar la impresión de que quien persevera un tiempo dentro de un partido político acaba dejando a un lado sus ideales, incapaces de servir a dos señores como dice el texto bíblico.
Y eso es lo que he venido a comentar, esa escena tan obscena en la que aquellos contra quienes se protesta se arriman para decir que hay que escuchar a los jóvenes y esto y lo otro. Nuestros maravillosos hipócritas, inmunes al desaliento. Y lo mal que se siente uno ante la seguridad de que esa casta con tanta costra no han llegado de Marte sino que salen de nosotros y en ellos hay un poco de todos los demás. Pero sólo un poco.

viernes, 17 de junio de 2011

PALABRAS


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Topei cunha palabra o outro día, cando ía pola rúa Michelena. Estaba tirada no chan, murcha. Levanteina e dinlle acubillo no meu peito de chumbo, ese que agocha o corazón dun taxidermista de palabras. Era unha palabra pequena e doente, esquecida e talvez máxica. Iso do talvez vai porque nunca un é que de saber qué palabra vai resultar máxica e para quén, pero son moitas as veces que acontece. A min salvoume a vida unha palabra en dúas ocasións, cando era máis novo e xogaba a poñer a vida en xogo. A piques de rematar a miña andaina nesta orquestra na que tanto desafino, esa palabra púxome a pensar que a música é unha vocación moi importante. Doutra volta, estaba eu pescando no Miño cando pasa por Tui e o río quíxome papar e empezou a chamarme con berros abraiantes que, claro, só eu podía ouvir. E xa estaba disposto a deixar alí a cana e tamén as poucas gañas, cando un home que por alí pasaba preguntoume que si picaban e que lle gustaría estar pescando tamén e dixo “cómo te envexo”. A palabra envexa salvoume a vida igual que podería terma escangallado enteira, noutro momento, hora e lugar. O Cosmos é o que ten: éche grande de carallo, e nós somos gotiñas minúsculas pero fachendosas que de cando en vez convén que as poñan no seu sitio. Eu levo varios anos no meu sitio, sen moverme sen permiso da miña señora e dicindo “saúde” se alguén espirra. Dedícome a recoller palabras viúvas, palabras no paro, palabras orfas, palabras diabéticas e palabras hemipléxicas. Outras moitas que me topo, teño que deixalas estar porque á forza hei ser un pouco restritivo, ou encheríase o meu lar de palabras en estados carenciais e tería que dar explicación a Asuntos Sociais, a Asuntos Exteriores e toda esa xente que se mete nos asuntos dos outros. Xa me chega co abano de palabras que teño. Sobre todo as diabéticas, que non me deixan vivir, veña insulina por aquí, insulina por acolá, análises, gráficas, toma un carameliño, diso non podes beber, é normal que esteas cansada... estas palabras sofren moito porque teñen un enfermidade moi visible. De tanto que as sacaron de paseo por todas partes e as inflaron a agarimos nos telexornais, nos programas de radio, nos pregóns das festas, nas novelas malas... entraron en coma diabético por unha hiperglicemia de cabalo. 
Pero as palabras que máis che me gustan son aquelas que se che aparecen no medio dos mecanismos neuronais e fan un curtocircuíto. Comezan a soltar chispiñas, coma un letreiro luminoso e ficas pampo diante delas, coma se fose a primeira vez cas escoitas ou cas les. Nese intre podería escribir unha novela enteira, a partires desa palabra-demiurgo. Eu, que ademais de lacazán sonvos realista, só chego a escribir un poemiña e gardalo no peto ou no caixón. Debería alguén recoller todas esas palabras é facer un “Dicionario de verbas que poden estoupar” e despois facer edicións de bolsiño e metelo nos buzóns da xente ben e tamén da xente mal e ata nos da xente regular. Podería ser máis ousado e deixalo nas oficinas das empresas multinacionais máis importantes do noso país, esas que pensan que o galego non existen porque nunca o viron diante.

martes, 14 de junio de 2011

DESCONFIAR


Cierto día me levanté con una sensación extraña. Más que de costumbre, quiero decir. Me senté al borde de la cama y busqué dentro de mí una respuesta. Acabé muy rápido (y desde entonces vivo con la sospecha de que tengo un mundo interior del tamaño de una vivienda de protección oficial en el Congo) y no hallé nada (y desde entonces vivo con la certeza de que mi vida interior era un invento de mi psique). Todo esto me dejó con muy mal cuerpo, y no me refiero a las señales emitidas desde mi vegija para que visitase ya el water closet. En ese mismo instante, cuando ya iba a dejar que el cuerpo mandase que es lo que mejor se me da hacer desde hace mucho tiempo, atravesó mi mente una idea prodigiosa y, por una vez, se quedó en ella, tal vez haciendo turismo: tenía que dedicar el día a desconfiar. Atrapé la esencia de esa revelación y corrí literalmente al wc, confiando en que estuviese desocupado. Una señal de alarma se dio cita en mi fuero interno, fuera lo que fuese tal cosa: no podía confiar en hallar libre el cuarto de baño, la consigna era desconfiar. Frené en seco, como no podía ser de otra manera debido al estado del suelo y me puse a pensar que mi mujer se me había adelantado. Tuve que anular la imagen reciente de haberla dejado durmiendo en cama porque desde el primer momento tuve bien presente que tendría que prescindir, si era preciso, de toda lógica y/o pensamiento racional si así lo exigían mis propósitos de desconfiar a ultranza. A ultranza y a tumba abierta, añado. Es hermoso hacer las cosas a ultranza y a tumba abierta. Suena decidido y atroz, como en una película del oeste americano. Hay gente que dice sólo del oeste, como si los demás países no tuviésemos oeste. Lo cierto es que me convencí, camino del baño, de que estaría ocupado y cuando llegué allí, retorciéndome y agarrándome la tripa por no agarrarme otra cosa, al ver que me había equivocado me inundó una gran sensación de alegría y posteriormente una gran sensación de paz, después de inundar yo... tal vez esté siendo demasiado explícito. Es lo que tiene la desconfianza por sistema. Lo cierto es que fui consciente desde ese instante inicial de que la gran ventaja de ser desconfiado es que, en las ocasiones en que fallan los presagios funestos, la sensación de regocijo es mayor puesto que se coge a las endorfinas por sorpresa y descansadas.
Salí del baño y me fui a verificar en el calendario de la cocina que era sábado, a pesar de que sabía perfectamente que lo era. Luego se me planteó el dilema de qué desayunar: todos los alimentos susceptibles de servir para ello estaban empezados y mi obligación era desconfiar de su estado. Busqué en vano algún paquete de galletas de las niñas que estas no hubieran abierto, cosa en la que no perdería el tiempo si se tratase de otro día cualquiera de mi vida, pero soy hombre metódico y perseverante. Al final bebí un poco de agua del grifo y chupé el contenido de dos huevos luego de practicarles sendos orificios con un palillo. Me dije que esto de desconfiar no iba a ser nada fácil. Tal presagio se tornó certeza cuando mi señora hizo acto de presencia en la cocina y empezó a servirse un suculento desayuno que tuve que apartar de mi vista volviendo al baño para darme una ducha. Ya vestido, luego de probarme tres pantalones y cuatro camisas y desconfiar siete veces, cerré los ojos y, con ellos cerrados, me puse lo primero que alcanzaron mis garras en el armario. Error de estrategia el pasar por el salón cuyo coste fue ser informado por mi costilla de que el rojo no iba con el verde y que además tenía un calcetín de cada color. Contesté que se llevaban así ahora y que saldría a la calle ipso-facto. Sí, tan pronto, porque yo lo valgo (ya contestaba cualquier cosa). Sí, a coger la prensa. No sabía, cualquier prensa, todas mienten y engañan. Sí, pero algo había que leer, qué se va a hacer un sábado por la mañan, esto qué es un interrogatorio, es que vas a empezar a controlarme. Cariño. No, no quiero ternerla ya de mañana, amor. Me voy. Y me fui, de los nervios, pero me fui por fin. Pasé de mirar el buzón porque tenía todo el aspecto de encerrar bajo llave envíos postales sospechosos y necesitaba un respiro. Me saludó el del quinto, que entraba en ese momento y me quedé mirándole hasta que se metió en el ascensor ¿qué hacía de vuelta a casa a aquella hora?. Y luego recordé que había olvidado las llaves de casa y aquello fue ya un tragedia, un despiporre, un acabose, porque no sabía si volver a por ellas, arriesgándome a un nuevo interrogatorio o incluso a algo peor, o si debería salir afuera confiando en que hubiese alguien en casa al volver. Pero no podía confiar, era la consigna, el santo y seña del día. Una lucha agónica se desarrollaba en el campo de batalla de mi conciencia, casi tan yermo como mi vida interior, en el supuesto de existiese, y no era capaz de dar un paso hacia adelante ni hacia atrás.
Solamente se me ocurrió, desesperado mientras esperaba decidirme, sentarme en las escaleras del portal y garrapatear en una cuartilla todo lo que me estaba pasando esa infame mañana. Tal vez un día de estos lo escriba en el blog.

viernes, 10 de junio de 2011

QUENLLA


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Hai un tempo avistaron en Pedras Negras (O Grove) unha quenlla peregrina. Cómo querían que fose a quenlla? Pois claro, e máis apenas saídos do ano santo, xa se sabe que por mar é máis difícil chegar a Santiago, que se non tes unha barca de pedra a man, vas aviado. Houbo unha época en que ao tiburón se lle dicía tiburón pero daquela a verdade e que cadaquén falaba o galego como lle petaba, menos os da Coruña que o falaban en castelán. A quenlla seica se deixou fotografar. Estará esperando que lle fagan un facebook, miña pobre. Non hai cousa que os galegos non fagamos nin lugar que non pisemos. Pódese atopar un galego en calquera recuncho do planeta, disposto a preguntarche algo se lle falas. A primeira vez que saín da península (ir a Portugal é obrigatorio para nós, como era facer a mili ou a primeira comuñón) atopei a un de Betanzos traballando no hotel onde estabamos. Púxose a falar con nós o último día, despois de que levabamos case unha semana mirándolle as orellas. Sonche cousas de galegos: debía estar a estudarnos. O galego é un ser moi estudoso dos seus conxéneres e non se arrisca a interferir nas vidas dos demais ata que está seguro. Non se sabe de qué, pero isto é o que sucede. Se coñeces alguén por aí fóra que case non fala aínda que o vexas varias veces ao día, seguro que é galego. O galego é un ser de apnea, tarda un pouco en saír a superficie, pero despois podes ter un amigo para sempre. O de sempre comeza cas borracheiras. Cantar "Miudiño" e todo iso. É sorprendente a cantidade de xente famosa: escritores, actores, músicos, electricistas, que teñen un amigo galego. E chamado Moncho ou Pepe. Se es famoso e non tes un amigo galego chamado Moncho ou Pepe que che provea de marisco e albariño, es un famoso de segunda división, non vas poder vivir en Miami xamais. En Miami todo o mundo é feliz e fala galego na intimidade, porque teñen xente a servir que lles fala galego sen cobrar un plus. 
De onde se deriva que para seres feliz hai que falar galego, aínda que sexa na intimidade, e por iso somos unha terra de xente feliz e parrandeira. Ata as quenllas peregrinan para vir onda nós.

martes, 7 de junio de 2011

QUE VAI CHORAR


Acabo de ver en la tele a una señorita escuchimizada de esas que, previo pago de una buena talegada, se deja filmar pasando penalidades en una isla junto a otros individuos de similar catadura.
A la pobre le enseñaron nosequé de sus familiares (yo sólo pasaba por el salón) y, como no le salían las lágrimas pues seguramente se las había comido, empezó a soltar gemidos, del verbo gimotear, no del otro, y a encogerse de hombros rítmicamente. Tuve que venirme para acá como un rayo. Mientras la agotada y famélica concursante perfecciona su versión de la llantina rentable pecuniariamente hablando, les hablaré del llanto en general.
Comenzaré afirmando que uno no es proclive al mismo y que mucho ha tenido que ver la infancia barriobajera de uno en semejante tara, del verbo carecer, no del otro. Cuando éramos críos no se lloraba y quien intentaba hacerlo, compelido por un tortazo, pedrada o golpe contundente, era aplacado por un coro que le cantaba aquello de “que vai chorar, que nunca vai parar, que vai chorar, que nunca vai parar” y así sin parar nunca, hasta que el choromicas deponía su actitud. Si se daba el caso de que uno no se aguantaba, los demás se largaban y lo dejaban solo comiéndose los mocos. Literalmente.
Esta es la explicación que pienso soltarle a cualquier sicólogo en el supuesto de ser interrogado por mi nula disposición a mostrar este rasgo emotivo: no soy capaz de llorar porque me suena una canción en la sesera cuando me quieren salir las lágrimas y vuelvo a ver a mis amigos del cole burlándose de mi ojo amoratado o de la magulladura de la rodilla o del miembro seccionado. Allí no se andaba con chiquitas. Si llorabas eras una nena, no existía lo políticamente correcto y los niños teníamos los sentimientos justos para llegar a fin de mes. Los profes te daban coscorrones por portarte mal o porque les apetecía y tú tenías que aguantarte. Yo he visto romper una caña seca en vivo y en directo al contactar con la cabeza de un tal Rafa. Casi lo echan a patadas de clase por destrucción de instrumental educativo. Nuestras carcajadas se escucharon en Constantinopla. Ah, en eso sí que podríamos competir con cualquier país, aunque fuese tercermundista como el nuestro: a la hora de reir no teníamos reparo ni medida. Fuimos una generación privilegiada, a base de aguantarnos el llanto y echarlo afuera cuando tocaba reir. Nuestras carcajadas estaban formadas en un 35% por ciento de lágrimas abortadas, por eso nuestra risa salpicaba tanto.

viernes, 3 de junio de 2011

ROBERTIÑO


Todo comenzou en tve, nun programa que tiña Iñigo e no que había unha sección chamada “El Conseguidor”. Escribías unha carta (outro día explicarei qué raios era iso) e, se tiñas sorte, facían o teu soño realidade. Alguén soñou que poñían no programa unha actuación de Robertiño. Eu era un neno de exb que andaba pola casa a pintar a mona e fun pintala onde estaba a televisión. Cando vin aquel tipo cunha guitarra nas mans enriba do escenario, empapándose coa choiva (era o concerto de Hard Rain), cun pano na cachola en plan voume tapar un pouco... cando escoitei aquela descarga de electricidade e lume, aquela voz indescriptible... alí quedei espetado e todavía algo de min segue alí, naquela sala de estar, hipnotizado por bob dylan.
Despois Raúl graboume nuncha cinta basf (esto buscádeo na wikipedia) un disco dos primeiros: aquela voz rasposa e a guitarra a pao seco, como me poido gustar aquilo? se a primeira cassette que merquei foi Nightflight to Venus, de Boney M... o certo que despois merqueis discos, posters, libros... fixen de dylan un referente para a miña adolescencia. Colguei o poster que viña coas cintas de At Budokan nunha parece do meu cuarto e alí botou anos e anos, veña a repoñer o celo, veña a remendalo...
Comencei a aprender de memoria as letras das cancións, o inglés que estudiaba no instituto era a asignatura máis útil daqueles tempos. Ampliei os meus gustos, pero cando ninguén me vía, cantáballe  a un imaxinario público Like a rolling stone, mordendo cada palabra. Grazas a dylan e a outros moitos, aprendin moito slang e adotei un aceno americano: diso acusóume Tuñón en Maxisterio cando lle fun pedir que me subira a nota. Polo menos non me restregou na cara o 2 que saquei nos phrasal verbs: púxenme na víspera e claro, cando ía cos da letra “c” funme para a cama.
Eu sabía palabra raras que saían nas letras das cancións e ignoraba cousas elementais que viñan no libro. Despois, cando entrei polo aro, fun o number one. Pero mentras había moita música que escoitar e moito libro que ler e moito folio que encher. Ata tentei escribir letras de cancións en inglés, xa veredes, e ainda peor: escribinas. Onde chega a ousadía e o pouco que facer.
Tardei anos en velo tocar en directo, foi en Madrid nun pazo de deportes. Tiña de telonero ao grupo da que daquela era noiva de Paul Simon, Eddie Brickell. Estivo distante dende a primeria canción:Most likely you go your way (and I go mine)  que ven sendo: “O máis probable e que vós tiredes polo voso camiño e eu polo meu”. Levaba no baixo a Tony Levin, creo que o músico que máis tempo o aturou: estivo nos 4 concertos que lle vin en vinte anos. Bueno, non me vou deter en todos.
Só dicir que para min o mellor foi o último, en Vigo no 2008, entre Modern Times e Together through life. Para non caer apoiábase nun teclado e nalgún tema soprou a armónica, pero estaba moi ben de voz e levaba unha banda coa que se podería facer de ouro ata Cañita Brava.
É dylan un músico tocado polo xenio, un torrente de expresividade, un traseiro de mal asento que prefire desairar aos fans e cambiar os envoltorios das cancións para non aburrirse. Un vello multimillonario que toca case a metade dos días do ano porque non quere meterse na casa a ver pasar o tempo. Sempre fixo o que quixo coa súa carreira musical, e o que quixo case sempre resultou ser o contrario do que del esperaban os seu seguidores. Eu nunca tiven ningún problema nese sentido: non era un seguidor senón un incondicional.
Agora ven de facer 70 anos e ben sabía eu que só podería tentar facer unha medio crónica medio sentimental medio mal feita deste grande insurrecto. Para saber del hai moreas de libros no mercado, centos e centos de biografías, (incluso a 1ª parte dunha feita por el: que vai de aposta a que non escribe o resto?). Todos imos dar en quen somos porque nos topamos na vida certa xente, certos libros, certa música. Eu, aos quince, topeime con Bob Dylan. Despois de tantos anos xa lle chamo Robertiño, un nome marabilloso para un tipo que ten 315 trebellos á venda en Amazon.