Hoy he leído en internet que Bildu ha sacado el retrato del rey que presidía el salón de plenos de la Diputación de Guipúzcoa. Del rey de España, Juan Carlos I, claro, no estamos hablando de Elvis Presley, aunque bien cabía la posibilidad que los vascos tuviesen al cantante de “In the ghetto” presidiendo sus cosas.
Jamás he pensado yo que llegaría a escribir un post con motivo de la defenestración, aunque fuese fotográfica, de nuestro rey. Aquí lo de “nuestro” es un posesivo de amplio espectro que sin embargo no abarca el plano emocional, más bien lo refracta.
Pero, antes de nada, he de poner de manifiesto mi simpatía por Bildu. Creo que merecen una oportunidad. Han dicho que iban a ser buenos y hay que tomarles la palabra: se les mete otra vez en clase con una regañina y se les borra la falta de orden. Pero si lo primero que hacen es algo tan simbólico como lo que han hecho... oiga, no estamos para actos simbólicos contra el primero de los españoles (se me acaba de inflar el pecho, inconscientemente). Además, si fuese para poner en su lugar una fotografía de, pongamos, Zubizarreta, pues vale. Con la camiseta de la selección, eso sí. Pero parece que van a dejar el lugar vacío de momento.
Tiene su miga la decisión tomada por Bildu, que no me digan que tiene nombre de medicamento más que de agrupación política. Como medicamento no sé que tal lo haría Bildu, como agrupación política ha comenzado con una intervención ventajista. Pues eso es, y no otra cosa, retirar la imagen de Juan Carlos de Borbón y Borbón, que no sé si lo han visto ustedes ultimamente en la tele, que parece que le han caído veinte años de golpe y la mala leche que hiciera leyenda a Fernán Gómez.
Si hubiesen retirado una foto de cuando el 23-F tendría más mérito. Ahí estaba más joven y, ejem, guapo y antigolpista que nunca. Pero ahora que anda de quirófano en quirófano, ya que ha decidido pasarle factura su pasado de deportista, está muy mal retirarlo de las paredes, el único sitio casi donde no estorba (y si no, que le pregunte a Chávez).
Quién me conozca tal vez esté aún boquiabierto al alcanzar este párrafo debido a esta encendida defensa de nuestro monarca (ya es que me niego a explicar el posesivo, oye). Me justificaré señalando que es de bien nacidos y de agradecidos el respetar y honrar la herencia que uno recibe, y don Juan Carlos es la herencia más importante que hemos recibido los españoles unos y no cincuentayunos en lo que va de historia, me atrevería a decir. Va: me atrevo a decir. Una herencia, además, que va a tener heredero a su vez, con lo que los príncipes de Asturias serán la bisherencia de todos los españoles. Spain is different creo que dijo Fraga, un señor gordo que, siendo ministro de Franco, se metió en una playa almeriense contaminada por plutonio y embutido en unos meyba gigantescos tras haber convocado a los fotógrafos...
Pero estamos aquí para hablar del exilio forzado y fotográfico de un cada vez menos fotogénico rey de España. Porque creo que ahí radica el quid y la cuestión: los muchachos con nombre de medicamento no genérico (o sí, yo en eso no me meto) han decidido bajar al rey de su pared (hubo una época en que con el rey y una pared habrían hecho algo distinto, ojo) no porque ellos no reconozcan su soberanía (que supongo que no lo hacen) sino porque no quieren que los presida la herencia achacosa de un militar gallego (ay) treinta y seis años después. Y yo no puedo sino darles la razón: o abdica Juan Carlos en Felipe y la Leti, que son jóvenes, altos, rubios y de ojos azules, o no tiene nada que hacer dando lustre a paredes de organismos públicos. Aunque sea de algo tan extraño como una Diputación Provincial, pero esto es tema para otra ocasión.







