martes, 7 de febrero de 2012

GORRILLAS


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Ha quedado vacante una plaza de gorrilla en el aparcamiento de enfrente al de donde yo sobrevivo. Por jubilación del titular. Bueno, en realidad ha sido una prejubilación: tenía 57 años y una cirrosis de pronóstico fatídico, de modo que se ha largado con los ahorros a vivir su futuro sin futuro a otra parte. Ante el violento horizonte que deparaba su sustitución, un vecino del edificio, jubilado también pero de la Guardia Civil de Tráfico, se ha prestado voluntariamente para revisar los curriculums de los aspirantes. Se han presentado personas de todo tipo, incluso algunas de las que se duda que puedan recibir ese nombre. Otro vecino ha aconsejado que se dé preferencia a los que vengan afeitados y un tercero avisa que no admitamos licenciados en Derecho, que causarán problemas al vecindario. A nosotros el vecindario nos trae al pairo: lo que queremos es vivir tranquilos y que no tengamos que avisar al 091 cada dos por tres por culpa de los apuñalamientos. Las cuestiones de aparcamiento suelen sacar lo peor que queda en los seres humanos, a los que aún les queda algo. Nuestro ex guardia civil se lo está tomando muy en serio y ya ha puesto cuatro multas a otros tantos solicitantes que han accedido al edificio a través del jardín. Un encofrador con veinte años de experiencia, después de avisarnos que teníamos las vigas del bajo hechas una mierda, ha preguntado si había seguro médico. El ex guardia civil le contestó que ni seguro ni médico. Ni leches, pero es que tiene ese pronto. También han venido dos chicas muy pizpiretas y sobre todo muy minifalderas, pero el atontado del segundo les aclaró que se buscaban gorrillas, no guarrillas. Debieron de ofenderse porque no han vuelto a preguntar.
Ayer mi tía Virtudes, que es cleptómana y muy cotilla, estuvo un poco regulín porque vio en la cola de admisiones al chico que le subía los pedidos del supermercado, uno que es hijo del yerno de Arturo, el del 4º, el que libró de la mili por sordo pero oye lo que le interesa. Mi tía decía que había que darle preferencia pero el guardia civil dijo que nones y que se callara si no quería un parte por desacato. Para mi que este hombre se está pasando ya un poco.
Lo cierto es que viendo a la gente que acude y charlando un rato vamos echando las tardes. Ayer aparecieron tres jubilados de banca en chandal, pero sospechamos porque uno llevaba un anillo de oro muy grueso. Luego la del 3º reconoció a otro y los echamos a gorrazos, que es como correspondía. Se oyeron expresiones como felonía y consejo de guerra por parte del cada vez más desquiciado encargado que tenemos y algunos empezaron a murmurar que sería conveniente buscarle un sustituto. Tía Virtudes aseguró que había conocido a su padre, que había fallecido de próstata y antes de que siguiese la del 3º ya le estaba replicando que sería de cáncer, que de próstata no se muere nadie... aquí no nos aburrimos si no es porque queremos.
Pasado mañana quiere el ex guardia civil dar a conocer los nombres de los seleccionados, potestad que se ha reservado sin que nadie osase rechistar porque ha ido por los rellanos anunciándolo con una pistola al cinto, suponemos que descargada. Ha mandado traer un atril al portal y quiere cubrirlo con una bandera rojigualda que dice tener en casa. Yo iba a preguntarle si por casualidad esa bandera suya no tendría pintada cierta ave imperial, pero no me he atrevido.
Casi olvido comentar que hace tres días que calza botas militares y sus taconazos retumban por todo el edificio. El pobre anciano con alzheimer del octavo ha empazado a dar vivas a Franco y no hay quien lo pare.