Como comerse una
manzana en el interior de un vagón de tren de camino a Berna
procedente de Zurich mientras te rodea y observa una nutrida
concurrencia compuesta casi totalmente por ciudadanos de la suiza
alemana. Este debería ser el título de este ensayo
científico-poético que voy a perpetrar ante ustedes sin sonrojo
alguno. En primer lugar hay que tener en cuenta el contexto
socio-cultural que envuelve la maniobra: esta carece de mérito si el
ejecutante es también suizo, alemán, o suizo alemán. En cambio si
es español, la acción se reviste de unos tintes de hazaña sin
precedentes debido al evidente hándicap que tal circunstancia le
confiere.
Lo principal es
tener manzana. Dijo Perogrullo. Pero no, porque no vale cualquier
otra fruta, por los crujidos. Pero no nos adelantemos al relato,
dejemos que fluya por las aguas mansas de la parodia que son las que
mejor manejamos porque el mundo nos hizo así. Puede suceder que tu
vecino de asiento, un suizo reglamentario y de mediana edad que viene
con mujer en el asiento de enfrente (no te has sentado allí porque
podía ponerse nervioso al ver a un latino, aunque sea sin copa de
vino, ponerse al lado de su señora esposa. Y tu no andas por la vida
poniendo nervioso a señores suizos felizmente casados que viajan en
tren) decía que puede ser que tu suizo de al lado esté comiéndose
una manzana y que de pronto la manzana que tu llevas en el bolsillo
del impermeable que dado el tiempo que hace ya te ves arrastrando por
todas partes como un oscuro cadáver de plástico, esa manzana cobre
vida y te llame a gritos y te diga muérdeme y así. Y tú eres muy
de perder los papeles cuando te dicen muérdeme, no nos vamos a
engañar. Por eso, te serenas y observas la manera suiza de comer la
manzana, no vaya a ser. Y lo que percibes es que sí, que iba a ser.
Porque los suizos de mediana edad que van en tren y tienen a la
esposa enfrente comen las manzanas sin comerlas. Es decir, le asestan
certeros y secos mordiscos, como si fuesen parientes lejanos del
verdugo de María Antonieta y luego se entregan a ultrasilenciosos
movimientos de mandíbulas, que parece que en vez de dientes llevaran
puesta una minipimer con silenciador , de tal modo que al poco tienen
entre el dedo índice y el pulgar el corazón de una manzana que
contemplan con algo parecido a la nostalgia segundos antes de
depositarlo en un coqueto recipiente de tren suizo dispuesto para tal
fin.
Confieso que me
estoy perdiendo el paisaje mientras escribo esto, pero es una gozada
tener al lado al hombre que ha conseguido transformar una pieza de
fruta en una obra de arte con sus propios dientes y sin hacer ni
pizca de ruido, y tengo que capturar el zeigeist de este instante
antes de que aprenda un día que rayos es eso del zeigeist y se vayan
al carajo flipadas como la presente.
Cuando extraes tu
manzana española del cochambroso bolsillo de tu todavía más
cochambroso impermeable, das el primer golpe de efecto al pasar su
superficie por la manga de tu brazo izquierdo en una pulcra actitud
de comedor de manzanas semi-profesional, mientras miras a los
pasajeros de alrededor con actitud retadora y pensando: “¿qué?,
esta no os la esperabais, eh”. Te devuelven miradas de estar
mirando para otras cosa, pero seguro que están disimulando, piensas
sin arredrarte, que para eso habrá tiempo y algún diccionario más
tarde.
Ahora viene lo más
difícil: hincarle el diente al asunto. Morder una manzana en un
vagón de un tren suizo alemán rodeado de suizos alemanes es para un
españolito como para un harapiento intentar pasar desapercibido en
el hall del Ritz. Pero sólo tenía que imitar a mi compañero de
asiento. Tengo la manzana en la mano, presiento a todo el vagón
pendiente de mi, alzo la mano y mi boca furiosa arrebata un trozo
insignificante de piel mientras mis dientes chocan entre si víctimas
de las leyes de la física. Disimulo masticando la piel arrancada y
logro poner cara de delectación porque me da que es parecida a la
cara de parvo. Oteo el horizonte con mirada de águila, todos
disimulan también haciendo ver que están a sus cosas. Una chica lee
Disgrace de Coetzee y quiero levantarme y pedirle que no
pierda el tiempo pero mi yo cuerdo se impone. El hombre del otro lado
del pasillo que tiene gafas de intelectual, aliño de intelectual,
cartera de intelectual, rostro de intelectual y se pasa el rato
haciendo cosas intelectuales cada minuto y medio, como leer en un
libro, escribir en una libreta, consultar el iphone, poner la mano en
la barbilla antes de volver al folio, etc es el único que echa una
ojeada a la manzana y me pregunto si no saldré yo en una novela de
la suiza alemana próximamente. Con mi manzana claro. A la que
asesto, ahora sí, una magistral dentellada que la deja maltrecha de
un costado y cierro la boca inmisericorde mientras mastico despacio y
poniendo cuidado en no molestar a nadie con el ruido. Es un poco
cansado esto, me digo deshaciendo y deglutiendo la fruta. Miro lo que
me falta y me doy cuenta de que me he traído una manzana gigante, de
alguna cosecha experimental o algo así. Prosigo en mi empeño y me
voy agotando de masticar para adentro, abortando los sonidos en la
garganta pero cada vez con menos pericia, de modo que al rato se me
escapa un chasquido y luego otro y resuenan con estruendo en el vagón
y muevo los ojos aterrorizado y veo a la señora esposa de mi suizo
alemán que me está contemplando con cara de qué hace el loco este
y me pongo nervioso y atizo otro mordisco a la manzana pero este es
una rascada en la piel que hace un ruido que ni te cuento y ahora sí
la señora pone cara de desagrado y quiero recuperar el ritmo y
morder otra vez fuerte y expeditivamente y me doy cuenta de lo
agotador que es comerse una manzana en estas condiciones…
Aquí es cuando
decido darle una lección al escritor-intelectual de pacotilla que
tengo cerca y pongo fin a mi suplicio diciendo excuse me a mi
suizo alemán para que me deje tirar la manzana al recipiente que
tiene al lado, tras su pierna derecha, y así puedan descansar juntas
su perfecto corazón de manzana suiza alemana y mi imperfecta y a
medio comer manzana española. Acto seguido desenfundo el portátil,
lo enciendo y me pongo a escribir esta cosa como un descosido
mientras, ahí te quiero ver, el escritor-intelectual de pacotilla
provisto de todos los aditamentos de escritor-intelectual de
pacotilla no puede evitar admirar la desenfrenada actividad de mis
ágiles dedos sobre el teclado. Escribo quince líneas del tirón
mirándole de reojo para asegurarme de que no pierde detalle, como
así es, con lo que, triunfante y deteniéndome de tanto en tanto
para mirar por la ventana con la palma de la mano en la barbilla, en
gesto expresamente dedicado a él, termino el presente texto
destinado a ser recordado por los siglos de los siglos.
Amén.


6 comentarios:
Lo ideal sería comerte la manzana con unos cascos, escuchando tu música, saboreándola y pasar de todo.
Pero esa sería otra historia :)
¿Qué haces tú comiéndote una manzana en un tren en el quinto carallo? Haz como yo, que sólo viajo a Portugal, donde precisamente en el comer son los más listos de Europa.
Lo tengo que volver a leer otra vez o muchas solo por encontrar metáforas y entenderlo, que yo te soy muy mergulladora.
Más tarde o nunca te doy mi parecer cómo si en eso me fuera la vida.
Besos Manuel
Julia, era por aquello de "donde fueres..." pero tienes razón, como casi siempre.:)
Cota, ¡viva Portugal!. Eu éque morro por pintar a mona onde non me coñecen (e onde me coñecen tamén, jeje).
Tare: pendente da túa crítica, que coas prisas dame que fixen un estropicio de texto e quero sabelo canto antes para flaxelarme un pouco.
Bicos e abrazos a esgalla.
No, si el cuento está estupendo ¿que lo escribiste rápido, sin pensar? Eso es precisamente lo que sospechamos Adler, Jung y el mismísimo Freud con los que estuve en contubernio estudiando tu caso.
A saber; "manzana" "tren" "Suiza" y "alemanes", todo muy onírico. La manzana como pecado, el tren como evasión, Suiza como refugio y Alemania como castigo.
Un jeroglífico estupendo. es que a mi tú no me engañas, listo, ya sabia yo que era un mensaje encriptado.
Y ahora sí me voy a dormir después de esta angustia. Besos :)
Home, Tare, para una vez que escribo algo en tiempo real y me traes a todos esos en procesión: así no hay quien se relaje. : )
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