miércoles, 21 de junio de 2017

JUNIO, OH SÍ


Como concepto global, como entidad escidinda de toda la lista de meses que componen esta entelequia llamada año natural, estamos en Junio. Empecemos situando sus coordenadas científicamente, que luego nos liamos: Junio está entre Mayo (el segundo mejor mes del año) y Agosto (posiblemente el tercero). Seamos claros. Junio es el mejor mes, de largo. El resto de lo que usted va a leer, paciente y esforzado lector, tiene como objeto apuntalar semejante afirmación de la mejor manera posible.
Junio es un mes como no hay otro por varias y poderosas razones. Entre los seres humanos que padecen la defenestración de sus neuronas día a día en el ámbito de la educación reglada y oficial, (qué fantástico sintagma “educación reglada”) es el mes previo a ese nirvana que solemos denominar “vacaciones”. Eso por sí solo mola un huevo, por decirlo claro y pronto. Luego está el hecho empírico de que los días de Junio son los más largos del año, lo cual mola huevo y medio, por lo menos. Eso de poder arrastrar el cuerpo hacia las terrazas para dejarlo allí aparcado hasta las tantas, cañita va, cañita viene... en fin, ustedes mismos.
Sea un calor ma non troppo con su brisa atlántica, sea con el calor africano que te sienta a pedir papas, ¡Junio es la repera! Hablo en términos subjetivos, como todo hijo de vecino, pero creo hablar en nombre de muchos que disfrutan de estos días como si después no fuese a haber otros. Y es que no los va a haber. En Julio ya mucha gente goza del nirvana, consensuadamente llamado “vacaciones”, por lo que se sienten obligados a pasársela bien. Despiertan con la presión de hacer de cada día algo inolvidable. Otean el horizonte buscando señales de que el destino está de su parte, cuando el destino es lo más caprichoso que te puedes echar a la cara. Termina el día y no has hecho nada, y te sientes vagamente culpable. En cambio en Junio la mayoría de la gente labora, en el sentido hispano del término, que es un sentido mediopensionista y abstracto, muy abstracto. Una cosa entre el ralentí y la cuesta abajo. Se trabaja como una excusa casi para pasar el día, para echar horas antes de lanzarte a la calle como si fuese una piscina. En Pontevedra la calle, que antes era de Fraga, es de los pontevedreses porque así lo hemos votado. La frase anterior no ha sido patrocinada, lo juro. Decíamos que en Junio la vida es calle y la calle es vida. Sales en manga corta e igual te llueve e igual te da que te da igual. Te refresca. Descubres un furancho y bebes el fruto de la tierra y ves a los paisanos y dices no, no puede ser posible tanta felicidad con un vino tan ácido. Otros con la moción de censura y la madre que los parió. La corrupción y la madre que los parió. El terrorismo y la madre que los parió. La isla de los famosos y la madre que los parió. Jefe, outra cunca.
Junio es un mes insustituible y pertinente, hermoso y prometedor. Junio es el verano antes de que llegue. La tierra a la vista. La costa avistada. Junio son los primeros chapuzones en el agua del verano, los pies pisando la tierra prometida. El olor del estío sin sus galimatías. Días de exámenes que se parten en dos. Surfing the Lérez. Pólvora y magnolias. Sonrisas y lágrimas. Incendios y fiestas. La vida misma comprimida en treinta días.

En el recuento de lo que la vida da, cuando da, Junio es la propina.

Publicado en Diario de Pontevedra 20/06/17

viernes, 16 de junio de 2017

ASOMARSE A LA VENTANA


Cuando me aburro, que es casi siempre, suelo mirar por la ventana. Para eso están ahí, ¿no?, las ventanas, para que te asomes. Miro un rato nada más, porque después empiezo a aburrirme aún más que antes, pero durante ese rato lo contemplo todo con intensidad y expectativa. Como si fuese a llegar a mi una revelación procedente del trozo de vida que se asoma desde la ventana. En el viejo que arrastra un perro, en el perro que arrastra a un viejo, en la señora que viene de la compra, en la señora que va a la compra. La realidad que te ofrecen las ventanas es esquemática y dual, puede ser de un signo o del contrario. En todo caso, tú la escrutas como si en ella estuviesen codificados antiguos secretos que quieren serte revelados. O sea, yo la escruto de esa forma. Aunque hay días en que echo un vistazo y a otra cosa mariposa. Tampoco hay que vestirse de filósofo para echar un ojo por la ventana. O vestirse de Sherlock Holmes y meterse una pipa en la boca... ajá, con que ese muchacho está ennoviado con la muchacha a la que lleva de la mano...¡y viceversa!

Una ventana da para mucho, y los días de lluvia da para muchísimo. Ya no es solo el panorama lo que puedes observar, sino los dibujos del agua en el cristal, esos ríos caprichosos que recorren caminos divergentes de pronto se entrecruzan... y luego ver pasar a la gente enarbolando los paraguas como si pidiesen una tregua a las nubes, como si alzasen una bandera negra para decir basta ya qué peñazo de diluvio... los días de lluvia desde la ventana y las ventanas en general dan para divagaciones llenas de puntos suspensivos, es evidente. La lluvia sin cristales no luce nada, solo es agua que lo empapa todo. Por eso, salvo que se traten de los cristales de tus gafas, es hermoso ese maridaje entre el vidrio y las gotas de lluvia. Además, invita a poner una marca en el calendario para averiguar cuántos días tardamos en desear que vuelva el sol.

Publicado en Pontevedra Viva 13/06/17

martes, 13 de junio de 2017

ÚLTIMOS DÍAS DE NANCY


La gallina que está criando el ex-combatiente del quinto en el balcón tiene sus días contados. Tiene a todo el edificio harto de sus cacareos y la irritación puede incluso rastrearse en los rostros de los vecinos del edificio de enfrente. Cacarea como una loca, con un frenesí inusitado en un ave de corral, aunque esta sea ave de balcón. El ex-combatiente la adora. Es un tipo ceñudo, de unos sesenta años, grueso y de baja estatura. No es agradable con nadie, salvo con Nancy. Le puso Nancy a la gallina y habla con ella a todas horas, sale al balcón y le pregunta qué tal le va el día, que si no hace demasiado frío y le iría mejor meterse en la caseta. La caseta es un refugio de cartón que cuando menos se lo espere le obligará a retirar de ahí el ayuntamiento por inclumplir la ordenanza de ornato en las fachadas. Cualquier día un vecino concienciado con la buena imagen de la comunidad le hace un favor a esta y lo denuncia a las autoridades. Podría ser yo mismo, pero estoy ocupado estudiando y contando los entresijos de la peculiar historia del ex-combatiente y la gallina. Total, que no es ex-combatiente ni nada. Dice que estuvo en el ejército pero la mitad de los vecinos no le creemos y la otra mitad no sabe ni contesta. Y de estos, solo un tercio apostaría porque combatió alguna vez, en alguna parte. Aunque fuese en el islote de Perejil, aunque creo recordar que allí no se libró batalla alguna.
Cuando terminaba de desayunar me asomaba un rato al balcón. Desde el sexto, con solo inclinarme un poco, veía como cada mañana el supuesto ex-combatiente le ponía comida y agua a su animal favorito. Hablaba con ella y ella empezaba a cacarear. Sonaba como si le estuviese pidiendo que se largase, pero él se tiraba un buen rato en el balcón mientras la gallina no paraba de agitarse y hacer ruido. Cuando él se metía para adentro, ella se callaba. Si no se da cuenta es que es tonto, pensaba par mi. Es él el que altera al pobre bicho. Y como salía al balcón cada dos por tres, que no tiene otra cosa que hacer en todo el día, la gallina no paraba de lanzar sus cacareos desquiciados.
Le han tirado de todo al balcón. Al principio caían macetas viejas, juguetes en mal estado, envases de plástico vacíos. Luego la gente se empleó con mayor contundencia. Le cayó una estufa catalítica de la segunda guerra mundial, por lo menos; una silla de tres patas y sin asiento, el manillar de una bicicleta. A la gallina no le tocaron ni una pluma. Vale, yo un día le lancé un exprimidor estropeado. No sabía qué hacer con él y no iba a conducir hasta el punto limpio solo por un exprimidor.
La gallina enmudeció a consecuencia de los ataques y el ex-combatiente, en principio encolerizado, cayó en una profunda depresión. Dejó de hablar con ella y aquel balcón pasó a ser el escenario de un dúo teatral de sordomudos. En ocasiones él sacaba una silla y, sentándola en su regazo, echaba un rato meciéndola, como si quisiera consolarla o estuviese consolándose él. La gente comenzó a compadecerse de aquella situación, sin duda ayudados por el silencio de la gallina. Le preguntaban por ella en el ascensor, aunque en realidad estaban preguntando por él. Y él compartía sus sopechas de que la pobrecita estaba deprimida, con lo cual los vecinos veían corroboradas sus sospechas sobre el estado de ánimo de él.
Un día le dijo al del séptimo que Nancy estaba muy mal, que se iba a morir. Lo dijo como si le hablase de la enfermidad terminal de un ser amado, lo cual se ajustaba bastante a la realidad. Al parecer un veterinario había diagnosticado un virus aviar de muy mal pronóstico.
Ahora estamos todo esperando el desenlace. El tal vez ex-combatiente ya ha pedido permiso para enterrarla en el jardín comunitario, aprobándose por unanimidad. Algunos han empezado a hablar sobre qué conviene ponerse el día del entierro.


domingo, 4 de junio de 2017

RONDÓ





No te creas nada de lo que tu infancia haya escrito en tu alma: siempre es tiempo de volver a empezar. No te creas que siempre es tiempo de volver a empezar: ya ha comenzado todo lo importante. No te creas que todo lo importante ha comenzado: hay una noche esperándote dentro de cualquier noche de estas. No te creas ese cuento de las noches: nadie ha viajado tanto. Si te sientas a esperar verás bidones de gasolina amontonándose al lado de tus recuerdos. No te creas los recuerdos, es lo que quiero decirte desde el principio: la lluvia no cae siempre de la misma forma aunque tu memoria te empuje a asegurarlo. No te creas todo lo que dicen de la lluvia: hay gatos arrancados de sus callejones que viajan hacia tus retinas, crees verlos pasar de modo fugaz bajo una lenta cortina de agua, pero todo es mentira.

miércoles, 31 de mayo de 2017

CONTOS E MENTIRAS



Hai un tempo que anoto nun caderno todas as mentiras que lle conto a familiares e amigos, pero xa decidín deixar de facelo. De anotalas, quero dicir. Das mentiras non me podo librar. Acuden a min como na percura dun refuxio, de xeito que eu colócoas nas vidas dos demais, aos que administro unha pequena dose de loucura.
Comecei hai ano e medio, por aburrimento. Estaba estaba a preparar os finais de segundo. Fartísima de estudar estaba. Saín da Biblioteca para tomar o ar un anaco e veu Elisa sentar ao meu carón. Elisa é alta e guapa, pero ten sempre na faciana un aquel de saudade, como se estivese noutro sitio ademais de no presente. O caso é que, ollando cara ela, sentín unhas fortes gañas de facela sorrir. Díxenlle que me pasaran dúas entradas para The Gift. Non sei, a ela gustáballe esa banda, tocaban na Capitol... xa non lembro que lles contei na casa para que me ingresaran os cartos. O que sí lembro é que de aí a unha semana lle pedín ao de Norteamericana uns días mais para entregar o traballo final porque me chamaran de Saber y Ganar e tiña que prepararme un pouco. Dez días despois díxenlle que estiven fatal dunha moa do xuízo e que chamaran a un suplente. Ao principio semellaba algo mosqueado pero despois díxome que mágoa mentres me collía o traballo.
E xa a cousa foi imparable. Cando coñecín a Roi, díxenlle que fora campiona alevín de 110 metros braza. Roi é a persoa á que mais lle mentín. Hai dous días que pensa que gañei un certame de relatos convocado pola FANPA. Bicoume e díxome que lle tiña que ensinar o relato ese. A ver que fago agora. En vez de apuntar as mentiras, escribirei relatos...

Este relato acadou a consideración de Finalista no V Certame de Relato Curto promovido pola Federación Provincial de ANPAs de Pontevedra.

domingo, 28 de mayo de 2017

PROYECTO FINAL



Más allá, sobre las colinas... otro mundo se extendía ante nuestra vista. Los pueblos parecían gemidos del sol, las nubes signos de puntuación que alguien había arrancado de una postal de despedida.
Había una melancolía en el ambiente que podría alimentar la desesperanza, pero sin embargo no dejaba un poso de tristeza, sino que acariciaba tu ser como el viento de África, como si te rozase una noción de descanso, una promesa de tiempo.
Entre nosotros el trato era sencillo porque éramos frágiles. Estábamos despojados de ambiciones, reunidos en torno a una verdad que se hacía cada vez más grande.
Nos habíamos juntado en aquel valle para morir. Cada día se iban algunos, dulcemente. Teníamos fármacos para el dolor, música y libros para las horas y nuestros recuerdos para envolvernos.
Algunos confiamos vernos al otro lado. No somos pocos los que soñamos con un nuevo comienzo sobre las colinas, más allá...